domingo, 9 de marzo de 2014

¿QUÉ NOS HACE REIR DE LOS CHISTES?

 No todos somos buenos para contar chistes, luego está ese embarazoso silencio que se hace tras contar el presunto chiste: “¿No lo entendieron?”, preguntamos incrédulos. Solo nos carcajeamos nerviosamente. Entonces ¿Qué hace que un chiste sea bueno o que algunas personas cuenten chistes mejor que otras?
Desde sus inicios, la psicología moderna ha estudiado los mecanismo de ese pequeño relato humorístico: Paul McDonald, de la Universidad de Wolverhampton, asegura que el primer "chiste" es este proverbio sumerio del año 1,900a.C.: "Algo que nunca ha ocurrido desde tiempos inmemoriales: una joven mujer tirándose un pedo sobre las rodillas de su esposo". Sigmund Freud ya abordó profundamente el tema y, en los años sesenta, el experto Edward de Bono creía que la risa se producía porque nuestro cerebro, siempre buscando patrones para ordenar la información, encuentra de repente una conexión inesperada.

¿Entonces, la sorpresa el secreto de un buen chiste? Hasta cierto punto… Una investigación publicada por el psicólogo cognitivo Sascha Topolinski, de la Universidad de Wurzburgo (Alemania), demuestra que a veces es más importante la fluidez con que los narras. En sus experimentos, presentó a los sujetos palabras importantes del "golpe final", minutos antes de contarlo, y muchos voluntarios lo puntuaron más alto en la escala de “gracioso”. Cuando se anticipaban palabras del principio, no tenía efecto. La conclusión que saca Topolinski es que contrariamente a lo que dice el sentido común, hacer un “spoiler” a veces aumenta la eficacia del chiste, porque los oyentes lo entienden mejor.

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